
Esa arquitectura tan íntima, monasterial, nos recuerda los orígenes vernáculos y de influencia árabe.
Los jardines, que parecen casi desprolijos, tienen una magia sin igual. En este bosquejo realizado con acuarela y un poco de tinta, traté de captar una de las esquinas con esos jarrones de barro amontonados que crean un rincón especial por su colorido y texturas.
Realizado hace ya algunos años (1989-90) sin embargo, sigo teniéndole mucho cariño.
Comentarios